Lee, viaja, mira
21-Mar-05
En uno de sus artículos semanales, Arturo Pérez-Reverte le escribía a María, una joven de catorce años: “quiero sugerirte que leas, que viajes y que mires”.
Pérez Reverte, cita unas lecturas básicas: de Homero a Herman Melville, pasando por Cervantes, Galdós, Shakespeare, … Habla del poder transformador de los barrios viejos de Sevilla, de una cerveza bajo el acueducto de Segovia, de Lisboa, Estambul, Nueva York o Buenos Aires. Termina diciendo: “Si haces todo eso -o al menos sueñas con hacerlo-, conocerás la única patria que de verdad vale la pena”.
Hace unos meses, casualmente, pisé por vez primera la sierra de Gredos. A sus pies, en medio de un paisaje granítico, un puente de piedra salva el escaso caudal del río Tormes. Hoy, la lectura de mi paisano me ha recordado aquel puente que hace siglos construyeron los romanos.
A menudo los puentes unen dos partes de una ciudad: Sevilla con Triana, Manhattan y Brooklyn, o salvan obstáculos sin que el tren, el coche o el caminante puedan casi darse cuenta; pero ¿cuál es la finalidad de aquel puente que no tiene sino rocas de granito a ambos lados? ¿para qué un puente de granito en medio de un valle de granito?.
Hoy he creído saber por qué los romanos con su idea, y los abulenses con sus manos, construyeron aquel puente. Seguramente por él pasaron millones de carros cargados de granito. Así, piedra a piedra, construyeron España. Así, sin saberlo, hicieron posible que yo escriba estas líneas y que alguien las lea.